ENTREVISTA FAMILIAR
La donación es la llave del proceso de trasplante. Para el receptor, en muchas ocasiones, supone la única solución ante el deterioro irreversible de determinados órganos. La donación y el trasplante están regulados por la ley, que garantiza el altruismo y el anonimato de la donación.
Tras el consentimiento familiar, la Unidad Coordinadora de Trasplantes activa la “Alarma de Trasplante”. En ese instante un equipo de más de 100 personas trabaja para llevar a cabo la donación y los trasplantes.
Se realizan las pruebas pertinentes para conseguir la matrícula genética del donante (tipaje).
Obtenido el tipaje del donante, se seleccionan los pacientes que tengan la mayor compatibilidad posible con éste.
Paralelamente, se lleva a cabo la extracción de los órganos. De la meticulosidad de este proceso dependerá el éxito del trasplante.
Se enfrenta sangre del donante con la del receptor, para descartar un posible rechazo. En caso contrario, hay que seleccionar otro receptor más compatible.
Seleccionados los receptores, los órganos son enviados al hospital donde se realizará el trasplante. 
En el caso del trasplante renal, los cirujanos colocan el órgano donado en un lugar de fácil acceso para posteriores controles médicos. Este lugar suele ser la fosa ilíaca, en la parte baja del abdomen.
A pesar de que se eligen los candidatos más compatibles, el riñón trasplantado no deja de ser un órgano extraño en el cuerpo del paciente. Para evitar que los sistemas defensivos del mismo destruyan el órgano es necesario someterlo a un tratamiento con medicamentos antirrechazo.
Pasados unos días, el paciente recibe el alta médica y desde ese momento deberá seguir el tratamiento prescrito y acudir regularmente al hospital para someterse a controles analíticos rutinarios.